miércoles 11, diciembre, 2019
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El Neoliberalismo es para los pobres

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Las grandes corporaciones han emprendido la lucha de clases, son auténticos marxistas con valores invertidos

En marzo de 2018, al cumplir 90 años, Noam Chomsky recibió en su despacho de la Universidad de Arizona a Babelia, la revista cultural del diario español El País, del Grupo Prisa. Su conexión entre el neoliberalismo y la manipulación mediática (o fake news) tiene absoluta actualidad en la Argentina, donde el lingüista es un autor de culto.

Chomsky remonta el problema a cuatro décadas atrás, cuando “el neoliberalismo, de la mano de Ronald Reagan y Margaret Thatcher, asaltó el mundo. Y eso ha tenido un efecto. La concentración aguda de riqueza en manos privadas ha venido acompañada de una pérdida del poder de la población general. La gente se percibe menos representada y lleva una vida precaria con trabajos cada vez peores. El resultado es una mezcla de enfado, miedo y escapismo. Ya no se confía ni en los mismos hechos”. Esa “desilusión con las estructuras institucionales ha conducido a un punto donde la gente ya no cree en los hechos. Si no confías en nadie, por qué tienes que confiar en los hechos. Si nadie hace nada por mí, por qué he de creer en nadie”. El neoliberalismo, agrega, sólo existe para los pobres. “Las grandes corporaciones han emprendido la lucha de clases, son auténticos marxistas pero con los valores invertidos. Los principios del libre mercado son estupendos para aplicárselos a los pobres, pero a los muy ricos se los protege. Las grandes industrias energéticas reciben subvenciones de cientos de millones de dólares, la economía high-tech se beneficia de las investigaciones públicas de décadas anteriores, las entidades financieras logran ayudas masivas tras hundirse… Todos ellos viven con un seguro: se les considera demasiado grandes para caer y se los rescata si tienen problemas. Al final, los impuestos sirven para subvencionar a estas entidades y con ellas a los ricos y poderosos. Pero además se le dice a la población que el Estado es el problema y se reduce su campo de acción. ¿Y qué ocurre? Su espacio es ocupado por el poder privado y la tiranía de las grandes entidades resulta cada vez mayor”.

Se vive la ficción de que “el mercado es maravilloso porque nos dicen que está compuesto por consumidores informados que adoptan decisiones racionales. Pero basta con poner la televisión y ver los anuncios: ¿buscan informar al consumidor y que tome decisiones racionales? ¿O buscan engañar? Pensemos, por ejemplo, en los anuncios de coches. ¿Ofrecen datos sobre sus características? ¿Presentan informes realizados por entidades independientes? Porque eso sí que generaría consumidores informados capaces de tomar decisiones racionales. En cambio, lo que vemos es un coche volando, piloteado por un actor famoso. Tratan de socavar al mercado. Las empresas no quieren mercados libres, quieren mercados cautivos. De otro modo, colapsarían”.

Cuando Chomsky entró en la adolescencia, su familia de clase trabajadora padecía la desocupación y no tenían educación. Objetivamente, la Gran Depresión “era un tiempo mucho peor que ahora, pero había un sentimiento de que todos estábamos juntos en ello. Había un Presidente comprensivo con el sufrimiento, los sindicatos estaban organizados, había movimientos populares… Se tenía la idea de que juntos se podía vencer a la crisis. Y eso se ha perdido. Ahora vivimos la sensación de que estamos solos, de que no hay nada que hacer, de que el Estado está contra nosotros”.

En apariencia, la contestación social frente a esto es muy débil. Para Chomsky “hay muchos movimientos populares muy activos, pero no se les presta atención porque las élites no quieren que se acepte el hecho de que la democracia puede funcionar. Eso les resulta peligroso. Puede amenazar su poder. Lo mejor es imponer una visión que te dice que el Estado es tu enemigo y que tienes que hacer lo que puedas tú solo”.

Fuente: https://www.elcohetealaluna.com/

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