miércoles 23, octubre, 2019
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Día Internacional de los Pueblos Indígenas

Cada 9 de agosto se conmemora el Día Internacional de los Pueblos Indígenas, instituido por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 23 de diciembre de 1994. La fecha del 9 de agosto hace referencia a la primera reunión de las Naciones Unidas sobre las poblaciones indígenas, celebrada en 1992.

Desde que Cristóbal Colón descubriera el nuevo continente, a los indígenas americanos se los llamó indios, en virtud del famoso error del navegante genovés, quien creía haber encontrado la tan anhelada India de las especias, siguiendo un derrotero marítimo libre de abordajes piratas y de conflictos con los portugueses. Pero en vez de hallar la ansiada ruta occidental de las especias, el almirante siguió la ruta atlántica hasta su histórico desembarco en la isla Guanahaní.

La palabra indio tuvo su mayor resonancia en las novelas y películas sobre el farwest.

En Argentina, el militar, periodista y político Lucio Victorio Mansilla, también los llamó indios en sus apuntes publicados en el diario La Tribuna de 1870, que dieran lugar después a su conocido libro: Una excursión a los indios ranqueles, premiado en París en 1875.

En los últimos años se fue dejando de lado la denominación de indios, para reemplazarla por la de indígenas, aborígenes (quienes viven allí desde el origen) y últimamente por la de pueblos originarios.

En los tiempos de la conquista española y portuguesa, las naciones aborígenes fueron diezmadas por la superioridad armamentística, la utilización de caballos y las enfermedades portadas por los invasores; impensadas “armas biológicas” que desataron devastadoras epidemias. Después, los propios gobiernos “civilizados” de América, siguieron el ejemplo europeo matando indígenas, alojándolos en reservas o dejándolos en la más paupérrima situación de vida; con ríos y arroyos contaminados y al borde de la desnutrición.

Si nos preguntan cuáles son los pueblos autóctonos argentinos, salvo honrosas excepciones apenas podremos nombrar unos pocos. Sin embargo, en nuestro territorio nacional existen numerosas etnias originarias. En el Sitio Lifeder.com se puede leer un excelente trabajo sobre esta temática. En él se informa sobre las distintas comunidades y su ubicación geográfica. Allí se expresa que “Durante 200 años estos aborígenes argentinos fueron víctimas de todo tipo de actos de violencia física y simbólica por las clases dominantes, avasallando sus costumbres y estilos de vida. Fueron exiliados de sus territorios, sometidos y obligados a adoptar una religión y unas normas sociales que les eran completamente ajenas. Sin embargo, algunas tribus mantuvieron su identidad y aún perduran”.

Ese Portal indica en qué región se hallan nuestros grupos aborígenes a saber:

REGION NORESTE: Comprende las provincias de Chaco, Formosa, Misiones, Santa Fe, y en ella existen cinco pueblos aborígenes: Mbya-Guarany, Mocoví, Pilagá, Toba y Wichí.

REGION NOROESTE: Se halla compuesta por las provincias de Catamarca, Jujuy, La Rioja, Salta, San Juan, Santiago del Estero y Tucumán. En esta región se encuentran los pueblos Avá-Guarany, Chané, Chorote, Chulupí, Diaguita- Calchaquí y Kolla.

REGION PATAGONICA: En ella existen tres pueblos: Mapuche, Ona y Tehuelche, que aún hoy mantienen una fuerte resistencia al avance del Estado Argentino y a la venta de tierras a extranjeros.

REGION CENTRAL: En esta región integrada por las provincias de Buenos Aires, La Pampa y Mendoza, habitan los Atacama, Huarpe, Rankulche y Tupí Guaraní.

Los Huarpes sostienen un conflicto con el gobierno de la provincia de San Luis, por las tierras del Parque Nacional Sierra de las Quijadas que reclaman como propias.

Finalmente, el Sitio explica las características de cada una de las poblaciones señaladas.

En el presente año, las Naciones Unidas, en relación a las comunidades indígenas, proclamó el Día Internacional de las Lenguas Indígenas. El Papa Francisco se manifestó en favor de la dignidad y el bienestar de esas etnias, y supongo que independientemente de investiduras, cualquier persona bien nacida desea lo mismo.

Creo que los responsables de los Estados tendrían que tomar al pie de la letra esa propuesta pontificia, destinando tierras aptas para la agricultura, la caza, la pesca y con provisión de agua potable, para los que quieran seguir con la libertad y pureza que tuvo la vida de sus antepasados. Además, independientemente de esa intención de vivir según las más antiguas tradiciones, debieran tener asegurada una rápida y eficiente atención médica; como asimismo, al menos opcionalmente, una adecuada instrucción cultural.

Me parece que las poblaciones aborígenes deberían ir derivando hacia los beneficios de las sociedades modernas más adelantadas, sin dejar de sentir orgullo por su pasado ancestral que tiene un perfil romántico, pero que corre a contramano del mundo actual, no obstante sus luces y sombras; sombras que deben ser iluminadas rápida y definitivamente. De todas maneras, nada les impediría conservar su lengua, su folclore y su historia.

Naturalmente, esa inserción debe ser propiciada decididamente por los gobiernos.

En tanto ello no suceda, habrá que seguir conmemorando cada 9 de agosto con una sensación de tristeza, el Día Internacional de los Pueblos Indígenas; que en el presente, lamentablemente, son una especie de “ciudadanos de segunda” dentro de las comunidades más avanzadas.

Edgardo Urraco

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