miércoles 23, octubre, 2019
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El Otro modo de enseñar: Un encuentro con Betty Echeverría

Vería por primera vez el mundo en 1938… un mundo convulsionado, complicado y conflictivo, en el que un año después, se desataría la segunda Guerra Mundial…

Vivió hasta los 12 años en Buenos Aires, en Palermo Viejo, junto a sus padres y hermanos, que desde siempre la identificaron como “Betty”… pero su nombre no es Beatriz, como muchos piensan… su nombre es Irma… Cuenta que alguien en su familia era admirador del personaje de dibujos animados Betty Boop, y por alguna razón de esas que nunca se saben a ciencia cierta, la empezaron a llamar así… simplemente Betty…

Para cuando empieza su escuela primaria el impacto de la Segunda Guerra en europa, era impresionante… Aún recuerda el orfelinato frente a su casa, desde donde las niñas huérfanas que albergaba -procedentes de diferentes países europeos- cruzaban la calle para jugar con ella y otras niñas de aquel barrio porteño…

Para 1950, cuando tenía 12 años, la familia se traslada a Rosario. Llegan a una casa ubicada en Génova y Alberdi, no tan lejos de la escuela Carrasco donde las hermanas Cossettini desarrollaron -paradójicamente hasta ese año- su proyecto denominado “Escuela Serena”

En Rosario hizo el último año de su escuela primaria, donde tuvo una maestra que la marcaría para siempre, y no precisamente por ser amable o cordial, más bien todo lo contrario… una maestra acostumbrada a gritar, pegar con el puntero en los dedos o dar coscorrones en la cabeza… fue en ese momento que se prometió a sí misma que si algún día ella llegaba a ser maestra, jamás enseñaría a los gritos, castigando o infundiendo miedo.

Al terminar la primaria siguió la carrera docente en el Normal Nº 2 donde se recibió como maestra de grado; profesión que ejercería cumpliendo aquella promesa que se había hecho años atrás, de jamás enseñar infundiendo temor en sus alumnos…

Se casó muy joven, a los 18 años, con un hombre dedicado a la Aviación comercial con quién tuvo tres hijos, dos varones y una mujer. Cuando con su marido llegaron para radicarse definitivamente en Granadero Baigorria -en el final de la década del ´60- comenzó dar clases en la escuela 127, Dr. Manuel Alberti. Por esos días -y por cierta situación personal que atravesaba- alguien le recomendó hacer alguna actividad. Y decidió ir a escuchar una charla. La disertante era nada más y nada menos que Rosita Ziperovich a quien, desde ese momento, admiró profundamente.

Ziperovich ya había accedido -por concurso- al cargo de Supervisora en 1956 y era miembro del movimiento mundial conocido como “Escuela Nueva” o “Escuela Activa”.

Tanto las hermanas Cossettini, como Rosita Ziperovih habían accedido a lecturas y propuestas de escolanovistas como María Montessori (Italia); John Dewey (Estados Unidos) o Alexander Neill (Inglaterra) entre otros. Incluso -recuerda Betty- que Rosita se carteaba directamente con el afamado epistemólogo y psicólogo constructivista suizo Jean Piaget, que influenció notablemente la pedagogía.

En aquellos días donde aún se consideraba a la maestra como la “Segunda mamá” la señorita Betty, bajo la supervisión de Ziperovich, pudo llevar adelante su pasión por enseñar de una manera vanguardista, progresista, moderna, y “activa”. A tal punto que aún cuando nadie sospechaba que se discutiría sobre el dictado de la educación sexual en las escuelas públicas, ella logró que una vez al mes o cada dos meses se realizara una jornada sobre sexualidad a cargo de dos académicos del Hospital Eva Perón, una médica disertaba y evacuaba dudas a las alumnas, y un médico hacía lo propio con los alumnos.

Irma París de Echeverría, mas conocida como Betty Echeverría, tuvo además otra faceta docente. A mediados de la década del ´80, fundó el Centro de Educación Primaria para Adultos (C.E.P.A.) Nº 198, donde fue maestra y directora.

Como en los inicios no disponía de lugar, comenzó dando clases en la sede de la Municipalidad de Granadero Baigorria. Un tiempo después funcionó en la “Casa de la Cultura” que se había inaugurado en Av. San Martín al 1200 en el barrio Centro… De estos días recuerda -quizás con un dejo de nostalgia- las caminatas que cada tarde desde su casa en barrio Paraíso, hasta el CEPA, hacía junto a la docente Laura Bianchi, que era una fiel colaboradora y que lamentablemente falleciera muy joven.

Betty, sin remuneración, ni apoyo ministerial, se encargó de dar clases a estos adultos que no habían alcanzado el nivel inicial para alentarlos luego a seguir su aprendizaje en otro nivel o en algún oficio. Y nunca cesó las gestiones en un ir y venir hacia el Ministerio de Educación hasta que por fin, 10 años después, a mediados de la década del ´90, consiguió que quedara oficialmente creado el C.E.P.A. Nº 198, que aún hoy funciona en las instalaciones de la escuela 1293, Lisandro Paganini, del Barrio San Miguel en Baigorria.

Aquellos adultos, que no habían tenido la oportunidad de estudiar, y vieron en la propuesta del C.E.P.A. la posibilidad de cambiar su vida, eran en su mayoría obreros… pero también hubo drogadictos, prostitutas, alcohólicos… fue un extraordinario ejercicio de docencia.

Ya hace 24 años que Betty está jubilada… y aunque tiene frescos los recuerdos, las vivencias y un sinfín de anécdotas, no extraña dar clases en la escuela… hoy aprovecha los días para visitar a sus hijos, o a sus nietos y bisnietos, o disfrutar en su casa -cálida y acogedora- de un sinfín de actividades… le gusta pintar, hacer falso vitraux, recibir amigas y jugar al “Buraco”, entre muchas otras cosas.

Betty Echeverría fue una maestra extraordinaria. Quizá el destino, que siempre es impredecible, inexplicable y caprichoso, hizo que alguna vez una maestra le “enseñara” lo que jamás haría ella con sus propios alumnos… y quizá el mismo destino la trajo a esta ciudad y de paso -como quien no quiere la cosa- le cruzó en el camino a Rosita Ziperovich… Y sin dudas fue ese mismo destino el que hizo que miles de niñas y niños de muchísimas generaciones en Baigorria tuviéramos la suerte y el privilegio de tenerla como nuestra maestra… nuestra querida señorita Betty.

Fabián Retamar

Comentario

  1. Que orgullo Betty París!! 😘

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