jueves 12, diciembre, 2019
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La Primavera

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Escribe: Raúl Zavattero

Al redactar este nuevo encuentro con nuestros lectores, recordando hechos e historias de nuestro Pueblo, en este mes de Septiembre, no podía obviar el significado y el arribo de la estación más esperada por todos, La Primavera.

Sentado frente al teclado, tratando con el pensamiento coordinar las palabras que formarán las frases de este escrito, y observando a través de las ventanas como renacen las plantas, las flores bajo un tibio sol que ilumina esta esplendorosa mañana con los colores y aromas que nos trae la Primavera.

Percibo que todo se hace más fácil y se agolpan en la mente los recuerdos imborrables de nuestro lejano tiempo de la niñez y juventud, cuando disfrutábamos en nuestros juegos y correrías, ya despojados de los atuendos de lanas, tejidos por mamá en las largas noches de invierno.

Siendo alumno de nuestra primera y querida Escuela 127 Presbítero Manuel Alberti, al inicio de la década de los años 40, recuerdo que esperábamos el día 21 con mucha ansiedad, siendo que era norma en los “chicos” del entonces Pueblo Paganini recorrer las calles y zonas rurales aledañas a diario, sirviéndonos directamente de las plantas los frutos que nos brindaba la naturaleza de los tupidos montes frutales que rodeaban al pequeño Pueblo.

Pero ese día 21 de Septiembre, era algo distinto, otra cosa, junto a la “Señorita Maestra” (el recuerdo de la mía, Inés Carreras de Bellani), cada grado partíamos de la Escuela hacia “el campo”.

Como es de imaginar rompíamos el habitual silencio mañanero con gran bullicio y alegría por las calles de tierra rumbo al oeste cruzando las vías del F.C.C.A en la intersección del actual Pasaje Obligado y nos internábamos en el hoy Barrio San Miguel, en el que por entonces existían muy pocas viviendas, algunas cercanas al ex molino harinero San Miguel por Av. Santa Fé y las demás por la actual manzana 51 que comprenden las calles Brown, Mitre, Maipo y Junín.

Completaban el paisaje varios hornos de ladrillos, predios de pastoreo y corrales donde decenas de caballos, tropillas que se les denominaban “la yeguada”, estaban a la espera de ser utilizados para “pisar” el barro, girando y girando dentro del pisadero con la profundidad del barro superando más de la mitad de sus extremidades.

En nosotros, esa actividad no llamaba la atención, pues la veíamos a diario como una rutina de trabajo, para lograr los ladrillos que luego se transformarían en las casas del Pueblo.

Para completar lo expresado, luego del “pisadero”, arriaban los equinos hacia la flamante “bajada al río”, actual calle Estrada (antes Córdoba) de B° El Paraíso , donde se introducían al agua para retornar limpios y refrescados.

Una de las tropillas pertenecía al vecino J. Caselli, recordando a su arriero un joven jinete, Armando Bergamino, “hombre de a caballo” que por las tardes guiaba al trote por las calles de mi barrio los caballos aún embarrados hacia el “baño” cotidiano en el río. Luego de extenderme en estas consideraciones, y retomando el paseo primaveral, enfilábamos por la actual calle Mitre, costeando por nuestra derecha la casa quinta Di Rosa, (actual manzana 34) rodeada de un monte de cítricos, mandarinas, naranjas, frente al predio sur, que habitaban la familia Tomassoni.

En un bolsito de tela que confeccionaban nuestras mamás, portábamos nuestra merienda, podría ser huevos duros, sándwich de milanesa, y algunos (los menos) la Chinchibira, Aviador, Chuncana o Naranja Bilz que eran las marcas de gaseosas anteriores a la llegada en nuestro país de las bebidas Cola.

El lugar destino en dicha jornada era la Quinta Schlau perteneciente a la empresa Rosarina productora de la cerveza que llevaba su nombre, tres hectáreas rodeadas de las actuales calles Callao, Mitre, Pasco y Junín con, amplias comodidades para cientos de personas cuando allí los Domingos se realizaban los recordados Pic-nic, con pista de baile techada, canchas de básquet, bochas, fútbol y una añosa arboleda rodeando el bello lugar.

Allí transcurrían las horas muy rápidamente, jugando a todo, en el Día de la Primavera, naturalmente con sana alegría y despreocupación, radiantes y felices, sin reloj, teléfono, WhatsApp, Wifi ni Facebook.

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