miércoles 23, octubre, 2019
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Sociedad: Telecom y yo hemos terminado.

Mi relación con Telecom siempre fue buena… es verdad sí, que tuve algunos encontronazos ¿y quién no?… pero en general fue una buena relación, más aún pensando que fueron como 25 años de servicio que religiosamente pagaba primero bimestralmente y luego mes a mes…

Por mi labor tengo dos servidores de Internet… uno es el principal y el otro, secundario, por si el primero presentase algún problema… es solo una precaución.

El caso es que hace poco más de un año Telecom me ofreció el servicio de Arnet. Como la promoción venció decidí cortar este servicio y acceder a otra compañía… Pero hete aquí que cuando llamo para dar de baja el servicio me ofrecen una promoción nueva que incluye Teléfono, Internet (que ya los tenía) y Fibertel todo el combo por 1086 pesos fijos mensuales por un año. Esto fue el 25 de Julio.

Accedí a la promo no sin antes preguntar cuanto tardaban en hacer la instalación (de Fibertel, que era lo único que faltaba). Me responde que como máximo serían 15 días.

Pasados más de 15 días, 20 les diría, no habían venido. Llamé para averiguar que pasaba. Tras 20 minutos de espera para que me atendieran, una voz de mujer se presenta y me pregunta “¿En qué lo puedo ayudar?”. Le comenté y me pidió que por favor tomara nota de un número de gestión, y que la instalación se haría efectiva en los 10 días siguientes.

Esos diez días también pasaron. Volví a llamar y tras media hora de espera con la musiquita insoportable -que deben utilizar para que uno se canse más rápido- me atiende un muchacho que tras presentarse me pregunta lo habitual: “¿En qué lo puedo ayudar?”.

Le comento el problema y me pide que lo aguarde unos instantes. Los instantes se convirtieron en unos 7 minutos. Y entonces me dice que me va a pasar con otra sección, no recuerdo bien, pero debe haber sido algo así como el Area 51, donde tras esperar otros cinco minutos, me atiende una señorita que nuevamente, como es habitual se presenta y me pregunta “¿En qué lo puedo ayudar?”.

Con mi paciencia ya casi agotada le cuento. Me escucha. Me dice que por favor no le corte. Al ratito me explica. Esta sección no es la que se encarga del servicio de Fibertel. Y me hace anotar otro teléfono para que haga el reclamo.

Ya cansado, decidí dejar todo y recomenzar al día siguiente.

Al día siguiente llamé al nuevo número y tras el cordial “Buen día, ¿en que lo puedo ayudar?” Le cuento. Me pide unos instantes para verificar y me dice que hay una cancelación. Yo le digo que no cancelé nada. Y ella me dice que la cancelación la hizo el técnico.

Conservando la calma, le pregunté “¿Y ahora?”. Ella por poco me explica la Teoría de la relatividad para informarme que en pocos días más se solucionaría la cuestión. Verificó mi número de celular que sería el contacto para avisarme cuando vendría el Técnico.

A los dos días, ante mi asombro, llamaron para avisar que vendrían el viernes siguiente entre las 8 y las 12 del mediodía.

Si viste muchas películas; seguro adivinaste. No vinieron. A esa altura ya me sentía un pelotudo importante. Pero no podía flaquear. Había que seguir adelante. A la tarde llamé pero no me atendieron, al día siguiente después de 45 minutos dejé de intentarlo. El domingo ni siquiera lo intenté. Y por fin retomé mi causa el lunes con todas las pilas y con esa actitud positiva y optimista que no son propias de mi naturaleza.

No tardaron mucho en atenderme, presentarse y preguntarme “¿En que lo puedo ayudar?” Le conté. Me dijo que el problema de la cancelación era por la velocidad de Internet en la zona dado que yo había solicitado dos decodificadores.

Yo, que no soy muy brillante pero que algunas luces tengo (a veces), le digo categóricamente: “El servicio, el precio y la cantidad de decodificadores me lo ofrecieron ustedes ¿me está diciendo que ofrecen un servicio que no pueden brindar?”

La chica detrás del teléfono por poco quería explicarme la Teoría del Caos y los pormenores del Experimento Filadelfia y me sugirió empezar todo el trámite nuevamente desde cero…

Como mi actitud empezaba a sufrir una metamorfosis al mejor estilo Kafkliano, decidí pedir la baja del servicio… de todo el servicio.

A partir de allí, y después de ofrecerme mil promociones alternativas, precios más bajos, y creo que hasta el sorteo de un crucero por el caribe, dije tantas veces NO, que percibió mi decisión inamovible, infranqueable e indeclinable, y decidió tomarme la baja del servicio que se haría efectiva una semana después. El 10 de Setiembre.

En ese lapso, hasta el 10 de setiembre, me siguieron llamando para interiorizarse de los pormenones de mi decisión. La última en llamarme fue si no recuerdo mal, una gerente zonal… Le expliqué todo con lujo de detalles, siempre guardando la compostura, como corresponde, con altura, sin sobresaltos ni exabruptos… Creo que ella entendió y antes de cortar se despidió con un “Que tenga usted buenos días”

Yo respondí cordialmente… pero después de cortar, como si hubiese habido una furia contenida que no podía seguir reprimida, me escuché gritando… “Tomá Telecom… agarrá la promoción de Arnet, Fibertel y el puto teléfono y metételos en el orto!!! Y sonreí satisfecho.

Fabián Gustavo Retamar

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