miércoles 1, abril, 2020
Home / Deportes / Futbol / Un triunfo de Aquellos

Un triunfo de Aquellos

COMPARTI POR WHATSAAP O MAIL

Por Claudio Aisenberg

Allá todo tenía el fulgurante barniz de la grandilocuencia. Brasil y Argentina, a 42 días del Mundial. Ronaldo y Batistuta. Maracaná remodelado. Entradas agotadas. Colas desde las seis de la mañana para entrar en un estadio que abría sus puertas a las dos de la tarde. La alegría que, suponían en Río, iba a ser sólo brasileña. Suponían.

Eso, todo eso, y más. Más. Días previos a puro clásico. La aparición de Ronaldo en un helicóptero que lo depositó en la cancha de la concentración de la Granja Comary, en Teresópolis. La llegada casi simultánea de la estrella brasileña y de Batistuta al aeropuerto El Galeao, cuando el argentino comenzó a ganar la pulseada, porque su presencia desató más revuelo que la del crédito local. Los carteles publicitarios de la camiseta brasileña con la leyenda triunfalista: El orgullo de tener la mejor selección del mundo. La selección de Zagallo, de Ro-Ro -aunque el segundo Ro, Romario, después vio el Mundial por televisión-, de las cotizaciones astronómicas y el favoritismo para Francia 98.

A ese temible Brasil bajó Argentina la noche del 29 de abril. El Maracaná estaba preparado para un carnaval carioca. Por los pasillos del gigantesco escenario, garotos disfrazados de Ronaldo, algunos de ellos de asombroso parecido, hacían jueguito y eran entrevistados por los voraces reporteros televisivos. Y si había garotos, había garotas, sobre las que no hace falta adjetivar. Se lanzaron fuegos artificiales antes del partido. Y a jugar.

En la cancha, Brasil no asustó. Ro-Ro no asustaron a Burgos. Bati no asustó a Taffarel. Pero había un equipo argentino sólido y práctico. A la Selección no le pesaron la leyenda del Maracaná ni los apellidos de enfrente. Por eso anestesió al rival en un desarrollo que mostró cautela de ambos lados. Funcionó la telaraña celeste y blanca. Con Ayala libre atrás; Vivas y Sensini haciendo hombre en zona sobre Ronaldo y Romario; una línea de tres con Zanetti -en esos noventa minutos se ganó el puesto para la Copa del Mundo-, Almeyda y Simeone; Verón suelto para desdoblarse; Ortega demasiado aislado para crear; Bati devorado por la marca, y el Piojo López amenazando con su velocidad. No fue un festival, pero sí un triunfo de aquéllos.

Histórico: la Selección había salido victoriosa del Maracaná después de 41 años. Uno a cero. Con el golazo del Piojo a seis minutos del final. Dejó a Junior Baiano en el camino, encaró y despachó el zapatazo. Aplaudieron los 110 mil brasileños y ridiculizaron a sus jugadores. Passarella se dio el gusto de ganarle a Brasil, algo que no había conseguido ni como jugador ni como técnico. Terminaba la gira. Y el Maracaná ya no abrumaba.

Fuente: Deporte y Literatura

COMPARTI POR WHATSAAP O MAIL

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *