domingo 23, febrero, 2020
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Lepratti: No lo mataron… lo multiplicaron

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Por Fabián Gustavo Retamar

Claudio “Pocho” Lepratti había nacido en Concepción del Uruguay, Entre Ríos, el 27 de febrero de 1966 y era el mayor de seis hermanos. En 1983, cuando terminó la secundaria empezó a estudiar Derecho en la Universidad Nacional del Litoral como alumno libre.

Pero en 1986 su vida dio un giro de 180 grados. Ese año ingresó como seminarista en el Instituto Salesiano de la localidad de Funes y eligió la carrera religiosa de “hermano coadjutor”.

Cinco años después, en 1991 abandonó el seminario, fijando su domicilio primero en el barrio Empalme Graneros y un año después en el barrio Ludueña, donde colaboró en la tarea de contención social de los adolescentes humildes del barrio, donde comenzó a participar activamente de las organizaciones de base, que durante más de veinte años promovió el sacerdote Edgardo Montaldo.

Al mismo tiempo militaba gremialmente en la “cocina centralizada” de Rosario, donde fue delegado y participó de la histórica carpa como uno de los tantos trabajadores que fueron despedidos como represalia por su actividad sindical.

Participó y promovió la formación en más de veinte grupos de niños y jóvenes de las barriadas populares de Rosario, se encargó de la creación y redacción de la revista El Ángel de Lata. Coordinó labores con otros grupos sociales y con todas las comunidades eclesiales de base. Además participaba activamente como delegado de base de ATE Rosario y como congresal de la sede Rosario de la CTA.

Pero aquel 19 de diciembre de 2001 ocurriría algo inesperado, impensado, trágico… en medio de la crisis que terminaría con la renuncia del presidente Fernando De la Rúa, varios policías de la ciudad de Arroyo Seco recibieron la orden de trasladarse al barrio Las Flores de la ciudad de Rosario donde se estaban produciendo saqueos y desmanes.

Al llegar a las inmediaciones de la escuela número 756 “José M. Serrano” de ese barrio la policía comenzó a disparar. Claudio “Pocho” Lepratti desempeñaba tareas como auxiliar de cocina en el comedor de la escuela y al escuchar las detonaciones subió al techo para defender a los menores que en su interior se encontraban comiendo.

Desde el techo, se asomó y gritó: ¡Hijos de puta, bajen las armas que aquí solo hay pibes comiendo!

En ese momento, un policía apuntó, disparó y le causó la muerte instantánea. El efectivo responsable del crimen -Esteban Velázquez- fue condenado a 14 años de prisión y junto con su compañero, Ernesto Genesio, fue acusado de homicidio agravado por el uso de arma de fuego.

El asesinato de “Pocho” Lepratti ocurrió fuera de la zona de saqueos y en los fondos de una escuela, por lo que no se justifica haber efectuado los disparos reconocidos, ni siquiera en carácter intimidatorio, consideró la justicia.

Velazquez en su actual trabajo

El ex policía Velazquez, militante de “Cambiemos”, que hoy tiene un puesto de hamburguesas en la ciudad de Arroyo Seco, declaró ser el perejil de esta historia: “Los demás policías libres, Reutemann ni declaró, Binner ganó la gobernación con la canción del Pocho, el juez de sentencia me tranquilizó y días después me condenó para no perder la banca. El arma ni siquiera era mía, era de Fabián Arrúa, el chofer del móvil; y no fui el único que disparó, también lo hizo Rubén Darío Pérez, mi jefe.” dijo en una entrevista. Nadie le cree… pero muchos coinciden con que otros policías también debieron ir a prisión.

En Entre Ríos Pocho militaba en la Juventud Peronista y según cuenta su hermana -Celeste Lepratti- luego de su muerte -por un texto que escribió su compañero en ATE Gustavo Martínez, que comparaba el trabajo de Pocho con el de las hormigas, comenzaron a llamarlo “pochormiga”.

Ayer se cumplieron 18 años de aquella muerte… Pero la trascendencia de Lepratti tras su asesinato fue increíble… está en canciones, en centros culturales, bibliotecas, centros asistenciales… porque como dicen por ahí: “A Pocho, no lo mataron… lo multiplicaron.”

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