martes 26, mayo, 2020
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Revista: Para mí, sin Soda

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“No me acuerdo mi nombre, hace tanto que no soy yo.”
Tema tributo – Ella es tan cargosa.

por Mariano Sicart

De un tiempo a esta parte, la falta de nuevas ideas en el ámbito del rock nacional se ha tornado realmente alarmante. O, lo que es prácticamente lo mismo, el negocio de la nostalgia pareciera no tener límites. Al menos eso es lo que sugiere toda una nueva andanada de regresos de bandas de antaño que pocos (o nadie), realmente esperaban.

El fenómeno no es, de ninguna manera, algo novedoso. Por el contrario, la mayoría de las bandas iniciáticas de esta historia, que comprenden el periodo que va de mediados de los sesentas a comienzos de los setentas, volvieron a recorrer estudios y/o escenarios en algún momento de la década del ochenta, con Almendra y Manal como los nombres de mayor relevancia. Claro que conforme la historia y el tiempo avanzaron, otras agrupaciones pioneras fueron de la partida, con Sui Generis y Los Gatos regresando al ruedo para celebrar diferentes aniversarios después del 2000.

Las décadas posteriores mostraron otra faceta del revival, con bandas surgidas entre los ochentas y noventas, que volvieron a reunirse tras escaso tiempo de estar virtualmente separadas. Allí se inscriben las vueltas de Virus, GIT, Caballeros de la Quema, Los Fabulosos Cadillacs, Ratones Paranoicos y Los Guarros. Esta tendencia, motivada la mayoría de las veces por intereses económicos, no implica, por sí misma, algo malo. Ya sea que la celebración incluya una presentación en vivo, variante más frecuentemente transitada, con la intención de editar posteriormente el registro, o se trate de arriesgar algo más desde lo artístico, embarcándose en la concreción de nuevo material de estudio, ese distanciamiento y posterior reencuentro de integrantes suele derivar, generalmente, en propuestas sonoras medianamente interesantes.

Claro que una nueva variante de esta movida no es del todo feliz. Por el contrario, deja al descubierto una utilización tramposa de la identidad misma de las bandas. Nos referimos puntualmente a ciertos retornos recientes que no son tal, puesto que las formaciones que se presentan bajo un determinado nombre, tienen escasa o nula relación con la historia misma de la agrupación. Ejemplos sobran, pero vamos a destacar los más llamativos: Los Abuelos de la Nada, con Gato Azul Peralta, hijo de Miguel Abuelo, como primera voz y casi sin miembros originales, RIFF, en su versión 1985, con Vitico Bereciartúa y JAF haciendo las paces después de años de estar públicamente enfrentados; más los reemplazos de los hijos, Luciano Napolitano por Pappo, y Juanito Moro por Oscar. Al menos, en ambos casos solo acordaron giras.

A propósito de presentaciones multitudinarias, hay un caso paradigmático a la hora de reflejar esta modalidad, Soda Stereo. El año pasado, Charly Alberti y Zeta Bosio, tras la experiencia de Séptimo Día, el espectáculo artístico del Cirque Du Soleil centrado conceptualmente en la obra del legendario trío, anunciaron una serie de presentaciones a modo de tributo por distintos países del continente. Como era de esperar, las reacciones adversas, por parte de los fans y la crítica, no se hicieron esperar. No nos engañemos: ¿alguien cree que puede existir la banda sin la presencia de Gustavo Cerati?

Antes del comienzo del tour, titulado Gracias Totales, el batero y bajista tuvieron que dar una conferencia de prensa a representantes de medios especializados, para salir a aclarar, léase justificar, la presencia de los catorce cantantes invitados (algunos vinculados a la trayectoria del grupo, otros no), tanto en vivo como a través de videoclips (¿?) en diversos temas, en lo que definieron como un complejo espectáculo multimedia.

Ellos creen que tocar en vivo proyectando simultáneamente sobre el escenario interpretaciones en pantalla gigante de Gustavo Cerati, a modo de karaoke, puede ser llamado un homenaje a su propia historia. Y cobran (costosas) entradas, incluso.

Hay tanto fraude a nuestro alrededor. Comprenderás.

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