La culpa

La culpa

Compartí esta nota

por Marcelo Sicoff

Hace poco más de medio siglo nuestro país contaba con 40.000 kilómetros de vías férreas que armaban un país; hoy tiene poco menos de 5.000 y muchas no funcionan. Poco más de medio siglo atrás tener un 15 por ciento de inflación era más que una alarma: hoy sería un logro extraordinario. Poco más de medio siglo atrás, la mayoría de la población se atendía en hospitales públicos que eran ejemplo para el mundo; hoy esos hospitales están abandonados.

No son solamente datos que nos muestran que nuestro país ha cambiado drásticamente (y para mal. Lo brutal es que no se le puede atribuir exclusivamente a un movimiento político esta situación en donde vivir se ha vuelto cada día más incómodo. Hemos hecho que los encontronazos se vuelvan más habituales que los encuentros. Y conseguimos además una escalada inusual de la violencia.

Es obvio que nuestra ciudad no permanece ajena a la situación general del país.

Siempre es fácil echar culpas a los otros; los dirigentes y funcionarios locales las pocas veces que dicen algo sólo irritan a gran parte de la ciudad. ¿Qué sentido tiene la frase del intendente diciendo que él es la primera víctima de la inseguridad? ¿Por qué declara que de Rosario sólo nos separa una calle?

Sin ideas claras, sin debate, sin planes, la Granadero Baigorria del presente se volvió una ciudad en donde es muy difícil fijar metas, pensar a largo plazo . Cada vez más situaciones anormales parecen normales para los habitantes de esta parte del mundo: nos parece normal que haya barrios sin agua potable, que tantos vivan mal, que las calles estén destrozadas, que no haya acceso a la información pública. Hasta nos parece normal que nos engañen y nos mientan.

Es obvio que muy pocos dirigentes locales han cumplido con sus promesas electorales. También eso nos parece normal. Así nuestra ciudad se arruinó y se arruina a un ritmo que muy pocos pudieron imaginar. Siempre es fácil echar culpas a los otros, decía. Pero nosotros ¿qué hacemos? ¿No es momento de asumir también nuestra responsabilidad? Tratar de pensar cómo y por qué la ciudad actual también es nuestra culpa.

Pensemos: ¿nos gusta elegir cada dos años a alguien con un versito, dos o tres frases de cotillón, una sonrisa falsa y nada más?. Poco tiempo después a ese ser lo empezamos a odiar . Después de votarlo.

¿Entonces? ¿No podemos acordar que es momento de actuar distinto, buscar otras maneras, dejar de lado estupideces, hacernos cargo del desastre y empezar a construir sabiendo que quizás los resultados, nunca los vamos a ver?

¿O preferimos seguir mirando para otro lado, encontrar a quién echarle culpas, negar todo, y convencernos de que la cosa no es tan grave?

También está la posibilidad de continuar anestesiado y ni siquiera pensar. O pensar que nada sirve para comenzar a arreglar este lío.


Compartí esta nota

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *